Carta a B, Cambio de Piel   Leave a comment

La creación de la vida, su diversidad y la unión que existe en cada una de sus manifestaciones se esta llevando a cabo en todo nuestro alrededor y en este mismo instante, puedo sentir aquí tirado en la cama como una colonia de bacterias están creciendo en todo mi cuerpo y garganta, tal y como alguna vez las cianobacterias comenzaron a poblar la tierra hace millones de años. Hoy los seres humanos creamos vida, canciones, pinturas, esculturas, historias, teorías y somos portadores de universos y tantas cosas que hablan sobre está existencia, sobre esta conciencia. Recordarnos está capacidad de ser creadores y vivir rodeados de su manifestación, arriba, abajo, derecha, izquierda, distante, cercano.

La última vez que platique contigo pensé mucho en la fortuna de formar y cuidar a otro ser dentro de tú cuerpo, de ese “cambio de piel” y mirarte como ese “Ser” creador de tantas cosas tan hermosas. Para asombrarme como nacen de tus entrañas tantos grabados, pinturas y palabras con tal fuerza para transformar algo ordinario en algo único, con un espíritu propio, con vida y que me conmueve hasta el alma. Recuerdo las manos dibujadas en papel que están unidas con ese estambre rojo infinito y que me explicas son las manos de tu padre, las tuyas, las de tu hijo y todas las manos que están atrás y delante en el tiempo, son mis manos, las de mi esposa, las de mi hija y las de toda la humanidad pasada y futura.

Doblemente afortunada por ser mamá y creadora de tantas cosas tan hermosas, guardiana de vida; y que en ese mismo pensamiento, también hablamos del desprendimiento hacia esas creaciones y del “cambio de piel”. La vida trae implícita la muerte, lo uno no existe sin el otro y ese desprendimiento y cambio de piel también es de celebrar, de recordarse y tenerse como referencia para elevarse y trascender estados que en este segundo ya son pasado.

Más allá del recuerdo, tristezas o felicidad, mas allá de ser madre, padre, pintora, grabadista o creación compartida, es el referente del cambio que se esta gestando en todo momento. Cuando te miró, pareciera que lo importante ya no es la obra, si no el estado alcanzado a travez de ella. Así vuelves solo referencia para ser tú punto de partida para comenzar algo nuevo, irrepetible, único.

En el caso de la humanidad, Carlos Marx enfatiza en recordar nuestra Historia, nuestra memoria; para transitar a situaciones distintas, a estados diferentes, cosa que ha sido desatendida por muchos de nosotros. Tu creación habla de tí, de los caminos que has recorrido, de los cambios que no se detienen y del templo construido que protegen tu “Ser”, aquel que transita este mundo en la búsqueda de lograr la completa y duradera felicidad, en la utopia, en el sueño, es el templo con el que soñamos todos los seres humanos, irrepetible de las cosas buenas y malas, que simplemente transita a “Ser”.

El templo del que me hablas es para liberar. Así tal vez lo describiría Nitsche y así lo aprecio, cuando me asombro de todo lo que haces, de tus creaciones y tus palabras que escucho con mucha atención. ¿En que momento fuiste consciente que este cuerpo es un templo?, ¿Estas acaso lista para dejarlo y dejar de hacer y decir todas las cosas tan bellas que haces con el?. Creo que no tiene caso preocuparse por ello, pero si tiene mucho sentido el pedirte seguir con esa incesante creación para tener las referencias de esos cambios que te están llevando al perfeccionamiento, al vivir los desprendimientos de corteza y sorprendernos de todas las cosas que fuimos, para llegar a “Ser” el que somos ahora. Tal vez por eso se te pida hablar, escribir, dar cuenta de eso con tanta insistencia y sentirme profundamente agradecido por ello, por darme la oportunidad de mírame una y otra vez en ti, para seguir la utopia, el sueño, salir algún día del templo y ser completamente consciente del “Ser”.

Felipe, Agosto 2017.

Anuncios

Publicado 14 agosto, 2017 por terraprema en Desarrollo Rural y Sustentabilidad

Quizás por eso   Leave a comment

Ríos de alegría fluyen por todo mi cuerpo
baila mi sangre al ritmo del viento
para celebrar la vida que me rodea
y transmutar en ti una y otra vez.

Son las venas que recorren la ciudad
que pulsan al paso de la sangre
y de nuevo bailan las calles
para inundarse del agua antigua
que una vez fue chinampa.

Recorro tus restos, tu cuerpo
y de nuevo bailo en las calles
y me transformo en toro,
en un aullador, en mono,
tlacuache, marsopa, en loco.

Nado por banquetas, navego en canoas
para buscarte y decirte al oído
como se me desborda el corazón,
y alrededor las notas del tambor,
para en un segundo bailar infinitamente en ti.

Son los cantos de morenos, es la tierra,
son los sacrificios que nunca entendí
son las oraciones y alegrías, es el mar,
para escuchar el arrullo del roncacho
quizás por eso libre vine a nacer,
quizás por eso, quizás por eso.

Felipe, Agosto 2017

Publicado 14 agosto, 2017 por terraprema en El Barrio y la Chinampa

Carta a Y y L. El alimento sagrado   Leave a comment

Había una vez un viejo agricultor que tuvo tres hijos y gracias a su esfuerzo pudo cumplir su anhelo de mandarlos a la escuela. Así crecieron muy dedicados al estudio; el primero de ellos era muy disciplinado por el deporte y gracias a su interés por la química y montar una fabrica de agroquímicos fue inmensamente rico; otro muy devoto de Dios estudio administración y logro montar una tienda de abarrotes en el centro del pueblo y gracias a su buena relación con personas adineradas fue medianamente rico y bien visto por la sociedad. El tercero de los hijos fue un agroecólogo y tuvo el permiso de su padre para trabajar la tierra de la familia; sin embargo, tenia muchos problemas para mantener los campos familiares ya que era una extensión medianamente pequeña y no podía encontrar mercado por los costos exagerados para certificarse como “orgánico”. Al final tenía que malbaratar todo; sin embargo, en su mesa siempre estuvieron los mejores alimentos quienes eran preparados por él y su esposa.

En aquellos tiempos comenzó el acaparamiento de tierras, mecanización y uso de semillas “mejoradas”; solo los terratenientes y las tiendas de agroquímicos tenían buenas ganancias. Por otra parte, en las ciudades la comida que era abundante y barata, e hizo que muchos campesinos vendieran o abandonaron sus tierras. La mayoría de los jóvenes migraron a las ciudad para trabajar y comprar lo que necesitaba en las tiendas y cuando regresaban se les veía vestir como en las revistas o en la televisión. Por todas partes se escuchaba que la vida en la ciudad era mucho mejor que en el campo.

Sin embargo los años pasaron y en las ciudades era más frecuente escuchar que la gente enfermaba de Cáncer y Diabetes, el tráfico era desquiciado, la contaminación insoportable, el tiempo escaso y los sueldos destinados a pagar la ropa, el coche o la tarjeta de crédito. En el pueblo también era más frecuente escuchar que muchos de los animales que antes se podían ver, habían desaparecido, que el agua de los manantiales era cada vez más escasa y más frecuentemente se empezaron a regar los cultivos con aguas negras. La ciudad poco a poco comenzó a comerse al pueblo y transformar sus alrededores y habitantes.

Así el campesino agro ecólogo enfrentaba cada vez mas retos para producir, se hacia viejo, pero sobre todo se hacia cada vez más sabio y conocedor de su entorno para enfrentar los cambios que se presentaban a su alrededor. Por el contrario, su hermano el rico empresario, enfermo de Cancer y perdió el sueño al saber que todos sus trabajadores enfermaban o tenia hijos con malformaciones o morían de “enfermedades extrañas”. El doctor le recomiendo alejarse del negocio de agroquímicos, hacer más rutinario el ejercicio y someterse a radioterapia; pero a pesar de hacer caso inmediato y tratar de cambiar hábitos, fue inminente su muerte.

El destino del hermano abarrotero fue marcado por el consumo diario de comida procesada que vendía en su tienda y a pesar de ir cada domingo a la iglesia para pedir por su salud, con los años enfermo de diabetes y obesidad; y lo que es peor, se volvió extremadamente racista con los jornaleros sureños que trabajaban en las fincas y que llegaban a su tienda a consumir. Finalmente perdió mucha de su memoria y era solo funcional para estar enojado, cobrar, estar sentado en la caja registradora e ir cada domingo a la iglesia.

Al final de los días, el viejo agro ecólogo mantenía una actitud positiva, logro rodearse de gente que apreciaba sus hortalizas y que las pagaba lo suficientemente bien para seguir trabajando la tierra. Su parcela era un lugar muy visitado por toda la comunidad, ya que era uno de los últimos lugares cercanos en donde se podían ver algunas aves y peces que anteriormente eran muy comunes. Era un lugar donde se podía estar en paz, conseguir alimentos muy ricos y olvidar el caos de la ciudad.

Al igual que sus hermanos, hace muy poco murió y en sus últimos días se le miraba caminar erguido, fuerte, robusto y sereno. Era un placer escucharlo hablar de su trabajo, del mundo que lo rodeaba y de la esperanza que mantenía en estas épocas tan obscuras. La última vez que platique con él, recordó a sus dos hermanos y me comento que la salud y la felicidad van unidas; que la humanidad es inseparable y que lo que origina todos los conflictos y diferencias de opinión es el alimento, me afirmo que “…lo que nosotros somos lo determina en última instancia es el alimento…”.

Muy dudoso de su afirmación le pregunte como es qué explicaba el no haber ayudado a su hermanos quienes eran conocidos por el racismo y el envenenamiento de sus trabajadores. Contesto que el nunca se sintió lejano de sus hermanos, pero ellos no le permitían acercarse más por la diferencia de comportamiento que es determinada por los diferentes tipos de alimento que ellos ingerían. La amistad y consejo que les unieron de jóvenes solo podía ser duradera si sus hermanos también hubieran mantenido la buena alimentación que compartieron con sus padres. No importa si fueran químicos, abogados, administradores o incluso doctores; era muy seguro que hubieran sido todos plenos profesionistas, sin perder el estrecho vínculo que el seguía manteniendo.

Acabo esa tarde haciéndome énfasis que una amistad para que sea duradera, solo puede darse si ambas personas ingieren alimentos de la misma naturaleza, y que el alimento además de entrar por la boca, es el que entra por los ojos y los oídos para alimentar el espíritu. Completo su afirmación: “… el alimento determina la condición y forma de la Mente y el espíritu Humano…” . Finalmente me contó el cuento de “El divino manjar” de los hermanos Grimm y comento que con suerte, tal vez el correría con la misma fortuna que tuvo la protagonista del cuento; una mujer que tuvo como alimento a Dios mismo; ese anhelo era seguido cada vez sembraba para defender y proteger a los animales y plantas que viven en su parcela, pero sobre todo cada vez que se sentaba a la mesa con su familia para bendecir la comida, calmar su hambre y nutrirse de todo eso.

Nunca sabré si el hambre de mi amigo fue fue saciada en su último suspiro, ni tampoco sabré si se solucionaran todos los problemas que se viven en el mundo con toda la contaminación, escasez de agua y perdida de lugares tan bonitos. Lo que si estoy seguro es que es muy posible que comiendo y bendiciendo alimentos como los que comía mi amigo cuidaremos cada vez más de nosotros mismos, de la tierra, el agua y sobre todo llenarnos del entusiasmo mismo para ser felices en este mundo.

Felipe, agosto 2017.

Publicado 14 agosto, 2017 por terraprema en Cartas a "M"

Vandana Shiva ¿Que opina de Xochimilco?   Leave a comment

Publicado 9 enero, 2017 por terraprema en Desarrollo Rural y Sustentabilidad

Reflexión – Xochimilco   Leave a comment

Publicado 23 noviembre, 2016 por terraprema en Desarrollo Rural y Sustentabilidad

SoyXochimilco !!!   Leave a comment

Publicado 9 noviembre, 2016 por terraprema en Desarrollo Rural y Sustentabilidad

Carta a M – El árbol   Leave a comment

Xochimilco CDMX,

Octubre 2016

El árbol que me trajo de regreso a casa

En Xochimilco existe un árbol que se sembró cuando Cuauhtémoc vino a solicitar ayuda para hacer frente a los españoles; sin embargo, como ya sabemos fue inevitable la matanza y sometimiento de todos los pueblos del valle de México. Los chinamperos de nueva cuenta alimentaron a la ciudad. Pasarón los años y de manera secreta fue cuidado ese árbol por nuestros abuelos. Actualmente ese sabino es gigante y hace no menos de veinte años, muchos de nosotros tuvimos la oportunidad de trepar en sus ramas y jugar a meternos en sus huecos después de tomar las clases de catequismo. Hoy el acceso esta restringido y solo es posible disfrutar verlo en la plazuela del Barrio de San Juan, muy cerquita del embarcadero Fernando Celada.

Recuerdo que cuando cercaron “el sabino” estaba por terminar la carrera de Medicina Veterinaria y salí de Xochimilco para hacer mi servicio social en los alrededores del rió Lacantún en Chiapas, ya muy cerquita de Guatemala. Después de estar ocho meses en la frontera tenia el corazón tan lleno de la selva, que me ahogo un sentimiento de nostalgia y sobre todo la pena de no haber conocido más gente y más lugares. Las beca para estar en las comunidades había terminado era inevitable estar en la Universidad para entregar el reporte y finalizar los tramites de titulación.

Con el pretexto de pasar por documentos de técnicas de silvopastoreo en la costa de Chiapas, revise el fondo de la mochila para recoger hasta la última moneda y con cálculos muy rápidos tenia el dinero suficiente para comer tortas de plátano, llegar por los papeles y tal vez pasar un día en el mar muy cerquita de Cintilaba. Sin pensarlo más me subí a un camión de carga que llevaba frijol y plátano que iba para haya y para la media noche estaba llegando a Tonalá, muy cerquita de Arriaga a las oficinas de SAGARPA. Pase la noche en la estación de trenes.

Muy temprano estaba en las oficinas para pedir informes. El único que estaba era un ingeniero agrónomo quien me platico sobre los trabajos que estaban realizando en la zona y quien amablemente me dio rumbo para la playa. Ya para la tarde estaba llegando a Puerto Arista, conforme caminaba escuchaba el choque de las olas con más claridad. Llegue ya sin luz a una casa enfrente de la playa en donde me vendieron un poco de comida y me dejaron montar la tienda de campaña. “… Aquí enfrente, o donde usted quiera mijo toda esta playa es muy bonita y segura…”

Por la mañana hice nuevos cálculos del dinero que al final resulto en una semana que se fue rapidísima. Todos los días fue estar de arriba para abajo con los pescadores y sobre todo estar metido en el mar. Ahí por primera vez ví delfines tan de cerca como quien va a cruzar un semáforo. Al final de la semana hice camino a Arriaga para tomar el tren que viaja a Veracruz por ciento cincuenta pesos y transbordar a otro que viajaba para la Ciudad de México por cien pesos. Ese mismo año se privatizaron los ferrocarriles. 

A la media noche paso el ferrocarril repleto de gente y bultos que venia de Tapachula, me subí a un vagón y ya muy cansado, requemado de tanto sol y con el cabello enredado y crecido de esos meses, me acomode como un animalito encima de unos costales de maíz y me quede profundamente dormido. Con el calor del maíz y el sonido del pasar de los durmientes sentí un arrullo como si estuviera dentro del vientre de mi madre y escuchara su corazón. Regresaba a la Ciudad de México para verla.

Antes de amanecer me despertó una lampara que deslumbraba mi cara, era un oficial de migración de Juchitan en Oaxaca. – “joven, su identificación por favor” – busque mi cartera y saque mi credencial de estudiante, apunto su lampara sobre ella y luego sobre mi cara para soltar una risita –  “… joven, usted no es este, usted es un mal viviente que le robo la credencial a alguien, baje del ferrocarril… ” – Sin dejarme decirle nada me tomo de la muñeca y me esposo las dos manos y a empujones a penas y pude agarrar mi mochila.

Me hicieron caminar a un microbús con rejas en donde ya había como treinta personas. A los pocos minutos entro otro oficial para pedir “una cooperación” para que siguiéramos nuestro camino. Estaba casi al final de los asientos y mire como uno a uno de los compas iban saliendo del micro con un billete en la mano. Al final me quede solo, y extrañado el oficial me dijo “…y usted joven no se haga, ya me dieron su credencial falsa y no le va a gustar quedarse aquí, más vale que coopere o llamo al comandante…”.  Le dije que iba para mi casa a la Ciudad de México y que no iba a darles ni un centavo, que de todas maneras no tenia dinero y que le hicieran como quieran. Respondió,    … Así, conque muy broncudito “el chapin”, pues se las va a arreglar con el comandante…”.

Salió el oficial y al poco rato entro otro oficial, bajito, gordito y bigotón como el típico policía de las películas de Damian Alcazar. – “ A ver joven, ya no diga mentiras, mejor coopere y siga su camino” – Le comente que estaba terminando el servicio social, que era estudiante de veterinaria y que estaba regresando a mi casa a la Ciudad de México, con una risa burlona se me quedo viendo

  • “Ahhhh mireeeee, conque vive en la Ciudad de México, pues vamos a ver, en que parte vive”-
  • “Vivo en Xochimilco” – 
  • “Ahhhh en Xochimilco, mireeeee, pues en que parte de Xochimilco” –
  • “En el centro de Xochimilco” – 
  • “Ahhhh, en el centro, pero que parte del centro, o como se llama el pueblo o la colonia” –
  • “ Son Barrios señor, vivo en el Barrio de San Juan”
  • “Ahhhh, San Juan, mireeeee, pero ese Barrio de San Juan como es”
  • “Pues todos los barrios de Xochimilco tienen su iglesia y su plazuela”
  • “Pero que caracteriza a ese Barrio de San Juan”-
  • ¿Como que que lo caractreiza?-
  • Si, si, que hace especial a ese barrio de San Juan de otros barrios
  • ¿No entiendo?
  • Si, ¿que tiene de especial esa iglesia?, ¿que hay ahí?, un monumento, un reloj o algo.
  • Pues ya le dije que tiene su plazuela, tiene un árbol muy grande que le dicen “el sabino”.

Se me quedo viendo como reconociendo a un familiar, al mismo tiempo que se le dibujaba una sonrisa y moviendo su cabeza de un lado al otro

  • Ya ni la chingas, ve nomas como andas, de veras que ni me la creo, yo soy de Nativitas (donde esta el mercado de plantas de Xochimilco) Somos paisanos carajo.

Me dio una palmada, saco su llavero, me quito las esposas y me dio veinte pesos.

  • Ten para que te compres algo en el camino. iCarajo oficial!, es mi paisano, dele su credencial y tú apura a subirte al tren que ya esta moviendose.

Avente mi mochila al vagón en movimiento y un “chapin” de los que había estado en el microbús me tenido la mano para subirme al tren. – “casi te quedas patojo”- .

Recuerdo haber llegado a Veracruz en la tarde, camine para el puerto y con los veinte pesos me fui a tomar un cafe lechero a “la Parroquia”. Al día siguiente ya entrada la noche estaba tocando la puerta de mi casa en Xochimilco.

Publicado 5 noviembre, 2016 por terraprema en Cartas a "M"